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13 abril 2007

SOBRE LA DIGNIDAD

ANTONIO SEGOVIA

Son las 8:30 de la mañana y falta la profesora de Inglés. Estoy de guardia y entro en la clase de 4º de ESO: los púberes alborotan ya, a pesar de lo temprano de la jornada, de la inclemencia atmosférica que presagia agua y más agua, de la inminencia del examen de Historia (en la clase siguiente)... Paso lista, Abellán, Atienzar... Córcoles...Flores, Fuentes... Soria, Vizcaíno. Creo que es la primera vez en todo el curso que tengo que hacer guardia en el aula, hemos tenido suerte...
-Profesor, ¿podemos jugar a las cartas? -me pregunta José Vicente.
-No es el sitio adecuado y, en mi opinión, tampoco el momento...
No se me ocurre una actividad alternativa que ofrecerles, así que los invito a que repasen, que hagan ejercicios, que lean... Y hago la vista gorda cuando juegan a las cartas en un rincón de la clase.
En el panel de corcho (pintarrajeado, rotas las esquinas inferiores, quemado por el centro), hay un cuadernillo de unos seis o siete folios grapados, sujeto con una chincheta oxidada. En el centro de la portada hay un rectángulo casi negro: es la fotocopia, con exceso de tóner, de la carátula del libro del que se ha extraído el texto del cuadernillo.

"Fueron las incomodidades, los golpes, el frío, la sed, lo que nos mantuvo a flote sobre una desesperación sin fondo, durante el viaje y después. No el deseo de vivir, ni una resignación consciente: porque son pocos los hombres capaces de ello y nosotros no éramos sino una muestra de la humanidad más común."

Elisa se ha recostado sobre el regazo de Verónica mientras ésta mira por la ventana, ensimismada, hipnotizada o tal vez aturdida por el estruendo que vuela desde su lector de mp3 y se clava en sus tímpanos -y en los míos-.
-¿Qué estás escuchando, Vero?-le pregunto con afán rescatador.
-¡Tía!- la despierta Marcos- ¡Que te están hablando!
-¿Qué?¿Qué pasa?- se quita los auriculares y me mira.
-Nada... Preguntaba que qué música escuchas...
-Es hip-hop. A usted no le gusta, profesor...- su respuesta es categórica y no admite discusión; ella lo sabe y por eso regresa a su ensimismamiento.

Del mismo modo que nuestra hambre no es la sensación de quien ha perdido una comida, así nuestro modo de tener frío exigiría un nombre particular. Decimos «hambre», decimos «cansancio», «miedo» y «dolor», decimos «invierno», y son otras cosas. Son palabras libres, creadas y empleadas por hombres libres que vivían, gozando y sufriendo, en sus casas. Si el Lager hubiese durado más, un nuevo lenguaje áspero habría nacido; y se siente necesidad de él para explicar lo que es trabajar todo el día al viento, bajo cero, no llevando encima más que la camisa, los calzoncillos, la chaqueta y unos calzones de tela, y, en el cuerpo, debilidad y hambre y conciencia del fin que se acerca.

-¿Alguien sabe qué es este cuadernillo que había en el panel?- pregunto mientras lo muestro en alto.
Jessica es la única que lo mira, como si se tratase de una piedra vulgar rescatada de un barrizal hediondo.
-Es una cosa que nos ha puesto ahí la de Ética, pa que lo lea el que quiera.
-Y, ¿alguien lo ha leído?
Álvaro responde:
-Yo empecé a leerlo, pero aun no lo he acabado.
Intento aclarar a esos molinos de viento quien fue Primo Levi y de qué trataba el texto (extraído de su famoso libro "Si esto un hombre").
-Primo Levi era un joven químico italiano que, durante la Segunda Guerra Mundial vivió en Auschwtiz, en el tristemente célebre campo de concentración nazi...


"Podríamos preguntarnos por qué no se rebelaban los prisioneros no bien bajaban del tren, que esperaban horas (¡a veces días!) antes de entrar a las cámaras de gas.
Además de todo lo que he dicho, debo agregar que los alemanes habían perfeccionado, en esta empresa de muerte colectiva, una estrategia diabólicamente astuta y versátil. En la mayor parte de los casos, los recién llegados no sabían qué se les tenía preparado: se los recibía con fría eficiencia pero sin brutalidad, se los invitaba a desnudarse «para la ducha», a veces se les entregaba una toalla y jabón, y se les prometía un café para después del baño. Las cámaras de gas, en efecto, estaban camufladas como salas de duchas, con tuberías, grifos, vestuarios, perchas, bancos, etcétera. Cuando por el contrario un prisionero daba la menor muestra de saber o sospechar su destino inminente, la SS y sus colaboradores actuaban por sorpresa, intervenían con extremada brutalidad, gritando, amenazando, pateando, disparando y azuzando -contra esa gente perpleja y desesperada, marinada por cinco o diez días de viajes en vagones sellados-."

-Su obra es una crónica de la degradación humana y, por eso mismo, una denuncia de la atrocidad que se vivió en aquellos días y una advertencia para que no se repita.
Creo que no me han oído: al menos sé que no me han escuchado.
-¡Bueno, a ver!- llamo en voz alta su atención- ¡Escuchadme un momento, leche!
Invocar con contundencia a la secreción mamaria suele surtir efecto: por fin dejan sus tareas lúdicas y sus conversaciones trascendentales y dirigen sus miradas a esa especie de insecto atroz que les habla desde el mundo inhóspito que rodea a la pizarra.
-Para que vosotros seáis personas, revestidas de toda la dignidad y el respeto que se merecen, para que gocéis de la libertad que tenéis y podáis manifestar vuestra personalidad con las actividades más simples -como jugar a las cartas, escuchar música o charlar con vuestros amigos-, y con las más sublimes -como expresar una opinión en voz alta y defenderla con vuestros actos-, personas como Primo Levi han sufrido, han sido degradadas como seres humanos, han sido desposeídas del orgullo de ser seres racionales... Incluso perdieron la capacidad de razonar, que es la esencia de la humanidad... Creo que les debemos, como mínimo, la atención al eco de sus palabras.

Es hombre quien mata, es hombre quien comete o sufre injusticias; no es hombre quien, perdido todo recato, comparte la cama con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino terminase de morir para quitarle un cuarto de pan, está, aunque sin culpa suya, más lejos del hombre pensante que el más zafio pigmeo y el sádico más atroz.

Digo "el eco de sus palabras" blandiendo en alto el cuadernillo. Después lo vuelvo a clavar en su sitio.

Sé que me he puesto un poco melodramático, pero creo que ha causado el efecto deseado: cuando suena el timbre y me voy del aula, fingidamente enfadado, compruebo que el cuadernillo ya no está en el tablón de corcho.

17 marzo 2007

Solidaridad con dos IES

Hoy quiero aprovechar este espacio para denunciar dos situaciones lamentables que están sucediendo aquí mismo, en España, aunque parezcan propias de algún país tercermundista.

En Sevilla hay un instituto que se halla en un barrio bastante desfavorecido, las Tres Mil. Se trata del I.E.S. Antonio Domínguez Ortiz. Desde hace 28 años se imparten allí clases de Bachillerato, pero el curso que viene esta situación cambiará, quedándose sin estas enseñanzas. Ni siquiera se les permite terminar a los alumnos que ya están matriculados en este nivel. Podéis leer sus quejas en su estupendo blog, Iguales en las Tres Mil, y también firmar para que la Delegación de Sevilla dé marcha atrás en esta decisión que deja sin bachillerato a una población que de por sí tiene las cosas difíciles.




En Castellón hay otro centro, el I.E.S. Bovalar, en el que se están dando las clases desde hace seis años en unas lamentables condiciones, en espera de que se empiecen las obras del instituto nuevo. Para que os hagáis una idea: la clase de música se da en un barracón compartido con el aula de audiovisuales... están separados por un tablero. Han hecho este blog para denunciar la situación, y las fotos muestran las penosas instalaciones en las que tienen que trabajar.



Desde nuestra Uni de Albacete queremos enviaros todo nuestro apoyo y solidaridad. Ojalá y podáis solucionar pronto y adecuadamente vuestros problemas.