19 enero 2007

POR QUÉ NO HAY QUE ESTUDIAR FILOSOFÍA

DAVID MOYA

Por una peripecia de la realidad, fui invitado por un amigo a defender (vía pantalla total) la hipótesis de la necesidad de la filosofía en el mundo de hoy (académico, social, intelectual, etc...). Pero, por la fuerza de las cosas, nada sale como se planea, y por tanto, opté por diseñar un argumento que fulminara la filosofía, los departamentos de filosofía, las facultades de filosofía y, si me apuran, todo el orden nootrópico terráqueo y así abrir un espacio de posibilidad a una reconversión tipo RTVE: unas vacaciones perpetuas con una economía saneada.
Este es el argumento en cuestión:
Desde una teoría restrictiva (naturalista) de las necesidades, la filosofía es tan poco necesaria como pueda serlo la matemática, la física teórica, la filología vasca, la historia, el derecho natural, la teología o la magia negra. A los hechos (estados de cosas, esto es, configuraciones de objetos) me remito: ¿Cuántos individuos pertenecientes a la clase (lógica ) de los humanos detestan sus vidas (biológica y sociológica), por carecer de las herramientas básicas de comprensión de la mecánica newtoniana, la combustión de la glucosa o el fenómeno de la Ilustración?
¿Cuántos individuos sufren convulsiones nerviosas, depresión o metástasis celulares incontrolables por no tener estudios médicos, jurídicos, arquitectónicos o mágicos (carecer de estrategias para cazar fantasmas, practicar exorcismos, tener visiones marianas, sentirse manchego.)?. Este argumento de sentido común me parece definitivo: podemos perfectamente vivir, como de hecho ocurre, sin saber filosofía, como podemos perfectamente vivir sin saber nada de genética de poblaciones, de matemática computacional, de la infancia de Jesús o del cultivo del azafrán [...].
Pero el sortilegio aristotélico liquidó mi sueño de una retirada a la campiña francesa:
Si la filosofía es necesaria tendremos que filosofar para aclarar por qué es necesaria; y si no es necesaria tendremos que filosofar para determinar por qué no es necesaria. Entonces, tanto si lo es como si no lo es tendremos que filosofar necesariamente. Luego, la filosofía es necesaria.


Sin embargo, hemos de reconocer que durante los últimos años circula la hipótesis fulgurosa siguiente: "La filosofía ha muerto".
Independientemente del análisis lógico que podemos realizar de tal hipótesis, nos encontramos con "algo" que "ha muerto". Y esto es un cadaver. Pero, si los mayores enemigos de los médicos son los sanos y los muertos, los más virulentos de la filosofía son la magia y la pedagogía.
La victima tiene esta identidad: http://sfcm.filosofos.org/uploads/filosofia_unesco.pdf:
" La importancia de la filosofía en la labor de la UNESCO es evidente, habida cuenta de que la reflexión y el análisis filosófico están innegablemente vinculados al establecimiento y mantenimiento de la paz que es la misión fundamental de la Organización [...] La filosofía es una "escuela de libertad" ya que no sólo elabora instrumentos intelectuales que permiten analizar y comprender conceptos fundamentales como la justicia, la dignidad y la libertad, sino que además crea capacidades para pensar y emitir juicios con independencia, incrementa la capacidad crítica para entender y cuestionar el mundo y sus problemas y fomenta la reflexión sobre los valores y principios"
Esta excrecencia, perteneciente a la categoría de lo políticamente correcto y, por tanto, banal, puede presentarse en su versión fatal: la filosofía proporciona un poderoso antídoto contra la superstición y la estupidez, características esenciales de los apocalípticos (fanáticos) e integrados (zombies).
Pero a estos dos sospechosos podemos añadir la especie de los filósofos estropeados: son como el mal de las vacas locas y la tembladera ovina pero a escala humana. De entre ellos podemos seleccionar al nihilista epistémico, un killer diseñado para la necrofilia, que puede presentarse bajo la forma de brujo (con un estado de encefalización espongiforme avanzado), o en estado de filósofo protozoario (desmultiplicado indiferenciadamente:"clon").
El primero es un criminal muy astuto: primero te secuestra, luego te hace cómplice, te endosa el cadaver y, encima hay que negociar con él. Manipulador de masas mediante el silogismo del cordero balante, su primera víctima es "el mundo". Si el mundo no te gusta, si eres infeliz o culpable, reza, ten fe, muérete y aparecerás en un paraíso neutro, viviendo en una burbuja, rodeado de todo el espacio celestial e inmunológico, protegido de todos los contagios y acariciado por el Padre a través de paredes de cristal con unos manguitos de plástico, riendo y flotando en una atmósfera extraterrestre rodeado de astronautas iluminados.
El segundo es un secuestrador que utiliza un ceremonial muy diferente: viste como el hombre del tiempo o como el periodista deportivo y pertenece a microsociedades paralelas que se enteran de todo tarde y mal. Evolucionan de forma impune y están condenados, al parecer, a la tarea única de reproducirse en un confusión endogámica de todas las tendencias que produce toda una patología propia de la consanguinidad y que se aleja a velocidad supersónica de aquello que gestionan. Sólo mantiene un nexo de unión con la masa a través de los sondeos y de los media.
De los apocalípticos podemos destacar al terrorista: producto de la reproducción incestuosa entre el brujo y el clon, pone en juego el principio del exterminio, no consigue alterar la membrana de la indiferencia estadística y repugna la voluntad de estilo. Ni vacas locas ni ovejas Dollys, el terrorista dinamita el gusto estético haciendo uso del mensaje publicitario de Lancôme y agregándole unas dosis de acting out: dado que lo vale actúa. Y es que podemos rastrear en la prótesis (caperuza-boina) cierta trans-estética que actúa como caja de resonancia de la moda y el estilo de las figuras anteriores.
A estos cerebros esponjosos hay que añadir esa figura viscosa del zombie o hiperconforme y su proliferación metastásica: la masa , sepulcro del cuerpo comatoso del sujeto político moderno, proyección y sepultura de lo social. Sondeadas por los media sólo responden y muestra su rostro en la telepantalla del exhibicionismo estadístico y están obsesionadas con el espectáculo.
En la era de la clonación donde el simulacro triunfa, la filosofía entendida como un saber que desvele y articule los conceptos de realidad, experiencia, conocimiento, verdad, delicadeza de gusto, etc.... como actividad crítica y liberadora de las masas a través del ejercicio de la Razón está condenada al más absoluto fracaso: las masas nunca quisieron Ilustrarse, prefirieron el espectáculo y su ceremonia (exorcismos vía satélite, sondeos, O.T., Champions League...). En la era de lo hiperreal como histeria comunicacional ("Nokia connecting people"), de la simulación ("Mire cómo actua el detergente en su ropa" dice un personaje del anuncio), de la obscenidad (la pornografía), donde la presencia no se borra con la ausencia o el vacío sino con la reduplicación de la presencia (Malú canta una canción con Lola flores en estado monitorizado), la filosofía es -como decíamos- una anomalía y como tal se comporta.
Pero no debemos identificar el horizonte de desaparición de la filosofía con su cadaver: siendo el pensamiento, a su manera, una red de anticuerpos y un sistema de defensa inmunológica natural frente a las secreciones de los cerebros esponjosos y las neurosis de los clones, es posible que no haya soportado el ataque virulento de ese prión, salido de las parafarmacias del ministerio de educación, con el nombre científico de Filosofía y ciudadanía (muerte simbólica del Proyecto Ilustrado en clave kantiana).
Pero hoy, definitivamente, ni siquiera estamos ya seguros cuando hablamos en términos de vida o muerte: sabemos de los fenómenos de superposición cuántica en el orden de la física y de las entidades semivivientes en el orden de la biología. El ámbito religioso nos muestra muertos resucitados y el del arte "muertos que no estaban muertos.¡¡¡Estaban tomando cañas!!! . Y en este escenario la filosofía no es una excepción: sólo hay que acercarse a las librerías, bibliotecas, facultades y redes de información para darse cuenta que el cuerpo filosófico es como un archipiélago: es un conjunto de islas de pensamiento unidas por aquello que las separa. Y, por tanto, su desterritorialización simbólica, al límite, no afecta al conjunto. Las muertes simbólicas no son muertes reales. Los crímenes simbólicos no son crímenes reales.
Por otra parte, el cuerpo filosófico es nanobacterial con caracteres viroides desde hace 2700 años. Y ésto, aún no lo ha entendido ni las vacas locas ni las ovejas Dollys: la filosofía es un cuerpo que crece espontaneamente a temperatura ambiente y en presencia de la estupidez, porque de ella se alimenta.

3 comentarios:

Herminio Rodenas Rosa 2º D dijo...

En mi opinion has escrito un gran comentario defendiendo tu postura, pero debes de admitir que lo has hecho de una manera muy cargante. ¿Por qué en lugar de todos los tecnicismos que utilizas, no buscas un lenguaje mas claro y conciso, con el que todos nos entendamos? Y tambien he de decirte que la frase "La filosofia a muerto", creo que se refiere en que ya no contamos en la sociedad moderna con pensadores de la talla de Nieztche o Kant, por lo demas, un saludo y mi felicitacion por defender una rama de nuestra cultura que estamos olvidando.

Anónimo dijo...

Además de lo que dices, la Filosofía también sirve para que algunas personas puedan tener satisfechas sus necesidades más básicas, léase los profes de la materia de los institutos.
También ha servido para que exista gente que pueda utilizar en sus disrtaciones, objetos que encuentra abandonados en los rincones del diccionario.
Pero lo más útil de la Filosofía,
esta noche de domingo, es poder intervenir en este foro (porque realmente yo pasaba por aquí), y sorprenderme de encontrarte filosofando sobre la propia Filosofía.
No obstante, sólo se cuestionan aquellas cosas que son contingentes y, según mi opinión, la Filosofía no lo es, como tampoco lo es el marketing, que al igual que a ti la Filosofía, me da de comer.
Después de todo, antes de pensar en ser economista, estuve en un tris de estudiar Filosofía.
Por lo demás, como te puedes imaginar, no estoy de acuerdo en nada, o tal vez sí.
Un abrazo. JAvier Alcaraz

Carissa García dijo...

Me he identificado mucho con el discurso. La entrada es excelente, invita al receptor a confirmar sus sospechas y descartar el argumento en contra, una vez que por silogismo ha demostrado que hay una utilidad, las siguientes demostraciones son congruentes y ágiles. Felicidades por la entrada.